Escritos Musicológicos Tempranos

Tres Preguntas – Leandro Donozo

Escrito por EMT,
Fecha de publicación: 12/03/2014

Investigador especializado en música argentina y musicología. Editor de libros de ensayo y académicos. Autor de los libros “Diccionario bibliográfico de la música argentina” y “Guía de revistas de música de la Argentina 1837-2007”.

Las siguientes preguntas han sido respondidas parcialmente en el último programa La Música de los Libros de Música.

1. ¿Por qué editar/publicar sobre música?

Por insatisfacción
Leí libros de música desde muy chico, pero con el tiempo, la oferta se me hizo insuficiente en cantidad y en calidad. Mucho libro que en realidad era merchandising para adolescentes encuadernado, mucho refrito, mucha traducción ilegible, poca idea, poco fundamento. Con excepciones, claro está, la alternativa era elegir entre la condescendencia de la gacetilla de prensa extendida, la reminiscencia poética de quienes contaban anécdotas de tiempos pasados y el tedioso hermetismo de la escritura académica. A mí me sigue pareciendo que se puede hablar de temas interesantes con la profundidad, el rigor y el estilo grato de leer que podemos disfrutar en ensayos de otras disciplinas.

Porque queda mucho por conocer.

Sabemos menos de lo que pensamos que sabemos acerca de la historia de la música en nuestro país. Buena parte del relato con el que nos conformamos fue hecho en forma sumamente amateur, parcial y simplista. Hace falta revisar nuestra historia con montones de fuentes que han sido poco tenidas en cuenta, incorporando y contrastando diferentes puntos de vista y metodologías.

Porque un libro es mucho más que varios artículos

La manera en la que funcionan los medios de comunicación y en la que se da la circulación de la producción académica obligan casi exclusivamente a la producción de artículos, ponencias en congresos o textos breves, donde no se llegan a desarrollar ideas con la misma profundidad y detalle que en un libro, haciendo que muchos aportes y sentidos valiosos se diluyan en esta especie de balcanización del conocimiento que obliga a dividir la producción en pequeños fragmentos que no llegan a alcanzar el mismo impacto que en forma conjunta.

Porque hace falta hacer conocer la producción musicológica

Más allá de los límites artificiales entre diferentes disciplinas, profesiones o perspectivas de la práctica intelectual y artística, existen muchos investigadores de diferentes campos del saber que trabajan en temas importantes pero poco tenidos en cuenta o aportando nuevas perspectivas a los ya transitados, cuyos resultados no tienen formas adecuadas de llegar a aquellos a quienes pueden interesarles.

Porque la producción de conocimiento no tiene sentido si no se comparte.

Que el fruto de años de investigación de tantos profesionales -muchas veces rentados por el estado- quede durmiendo en cajones, es algo imperdonable. Por otra parte, el trabajo de pensar, elaborar y escribir termina su mejor ciclo cuando otros lo leen y se enriquecen con ese trabajo y, si se tiene suerte, a lo mejor generan nuevas obras que nos ayudan a mejorar y a profundizar en lo que hacemos.

Porque saber investigar no siempre implica saber comunicar

La forma en la que se presenta el resultado de un trabajo es casi tan importante como su contenido. Luego de años de investigación, el autor necesita la prespectiva de una mirada externa y fresca que le ayude a encontrar la mejor estructura, lenguaje, presentación y selección para que el público potencial pueda detectar, entender y valorar sus aportes.

Porque me interesan más temas de los que puedo investigar.

Al estar trabajando en tantos libros con autores y enfoques tan diferentes, abarcando desde la música medieval hasta los jóvenes cancionistas del Río de la Plata, desde el tango hasta el rock, desde las relaciones de la música con la literatura y con otras ciencias, de continuo ida y vuelta entre diferentes períodos históricos, zonas geográficas y géneros musicales, mi manera de comprender y pensar la música se ensancha y enriquece. Como si trabajando codo a codo, estando en la cocina de cada uno de esos autores, cada libro fuera también un poco mío y me permitiera multiplicarme e investigar en mucho más de lo que podría individualmente.

Por poner un grano de arena.

Luego de estos primeros años como editor me doy cuenta de que lo que me interesa no es traducir, ni andar por el mundo buscando ideas para darlas a conocer en mi idioma, ni detectar las tendencias de mercado. Me doy cuenta que me aburre publicar los mismo autores que todo el mundo, de la misma manera en que se supone que deben ser, ni hacer las cosas simplemente porque a otros les funcionan o porque siempre se hicieron así. No me interesa tratar de repetir recetas. Lo que me mueve es producir libros que me resulten un aporte en algún sentido, que nos den más ganas de escuchar música o que nos ayuden a hacerlo de nuevas maneras, que ayuden a pensar la música, el arte y, porque no, el resto de las cosas del mundo. Que sean interesantes, apasionantes, útiles, educativos, disparadores, necesarios, estimulantes. Si cada tanto le acertamos un poco a algo de eso, no estamos tan mal.

2. ¿Qué recuerda de sus primeras publicaciones como editor?

El delirio de hacer un diccionario.

Las charlas inverosímiles convenciendo a algunos de los primeros autores.

El placer de que tanta cosa suelta de repente tome sentido.

La adrenalina de una nueva aventura.

La injustificable convicción de que se podía.

3. ¿Qué consejo le daría a nuevos editores?

Huyan mientras puedan.

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