Escritos Musicológicos Tempranos

TRES PREGUNTAS – Esteban Buch

Escrito por EMT,
Fecha de publicación: 18/04/2014

Radicado desde 1990 en París Esteban Buch es uno de los referentes de la musicología actual. Su enfoque se desarrolla en las relaciones entre música y política del siglo XX y sus temas de investigación incluyen tanto la música argentina como figuras canónicas del repertorio occidental. Es Profesor Titular (Directeur d’études) en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) Escribió, en francés, los libros Le cas Schönberg (Gallimard, 2006), La Neuvième de Beethoven (Gallimard, 1999, traducido en seis idiomas), Histoire d’un secret (Actes Sud, 1994) y en castellano, The Bomarzo Affair (Adriana Hidalgo, 2003, escrito a través de una beca Guggenheim), O juremos con gloria morir (Sudamericana, 1994) y El pintor de la Suiza argentina (Sudamericana, 1991), además de numerosos artículos. Director Adjunto del Centre de Recherches sur les Arts et le Langage (CRAL) y Director de la especialidad Música del Master de la EHESS.

1.¿Por qué escribir sobre música?

Por ejemplo: 1) porque si a uno le gusta escuchar música y también le gusta escribir, escribir sobre música puede ser una buena síntesis de modos íntimos y divergentes de gozar; 2) porque existe una demanda social de profesionales de la escucha, gente que contribuye con sus oídos a hacer que el mundo tenga sentido: los músicos y los psicoanalistas, y también los críticos musicales y los musicólogos; 3) porque la música es siempre un enigma, ya que en ella el borde entre el objeto y el discurso, que es donde justamente reside el sentido, está siempre invitando y al mismo tiempo esquivando el trabajo de descripción e interpretación; 4) porque la música incita a la gente a elaborar historias en torno a su vivencia del tiempo, y porque las historias del tiempo son carne de escritura; 5) por Beethoven, Charly, Schoenberg, Anne-Sophie von Otter, Caetano, Pugliese, Spinetta, Debussy, Berg, Gardel, Laurie Anderson, Violeta Parra, Pink Floyd, Marta Argerich, los Redondos, Gainsbourg, Morton Feldman, Joni Mitchell, Rita Mitsouko, Björk, Bach, y tantos otros músicos maravillosos que cada uno lleva en sus oídos.

 2.¿Qué recuerda de sus primeras producciones?

Ser crítico musical fue mi primer oficio, a los veinte años, y así aprendí a escribir sobre música clásica o sobre rock, a veces sobre jazz o folklore, eventualmente sobre tango. Eso me dio qué pensar. Mi escrito musicológico más temprano fue sobre la crítica musical como teatro imaginario del poder. A partir de un análisis semiótico de textos de Jorge d’Urbano, que fue el principal crítico argentino entre los años 50 y 70, comprendí que la música, ese arte en principio tan autónomo y tan privado, era en realidad un lugar de proyección de figuras públicas como el juez, el docente, el sacerdote, el guerrero. Es un tema que, en cierto modo, nunca dejé de trabajar, hasta mi libro El caso Schönberg, que trata de los primeros críticos del atonalismo.

3.¿Qué consejo le daría a los nuevos autores?

Que desconfíen de quienes dan consejos desde escritos musicológicos más o menos tardíos… Que recuerden que la musicología como disciplina es miope y anacrónica sin la historia de las artes, la filosofía, las ciencias sociales. Y que si la música –cualquier música- puede ser un objeto de pasión, hay que hablar de ella con toda la sensibilidad técnica, la precisión documental y la intensidad emocional posibles. A la vez un musicólogo es no sólo un investigador de lo sonoro sino también un escritor profesional, o sea alguien que vive o quiere vivir de escribir. Por eso aun si en general no tienen nada que ver con la ficción, vale la pena pensar los textos que hacemos como textos, es decir como literatura.