Tenemos oídos ¿Escuchamos?

Escrito por Guzzo, Julián
Fecha de publicación: 03/01/2020

Con un enfoque ecléctico propio del repertorio actual, Amusia ofrece experiencias de escucha que no siempre estuvieron permitidas.

Permanecer impasible ante disonancias que asustan, oír ruidos donde los demás oyen sonidos, la resistencia a toda educación musical. Estos son algunos de los síntomas que José Ingenieros atribuyó, en su libro El Lenguaje Musical y sus Perturbaciones Histéricas de principios del siglo pasado, a la sordera tonal o amusia, aquella incapacidad para escuchar y entender la música. ¿Qué sucede cuando estos conceptos son retomados en una época cuya música se nutre de todo lo que aquél médico trataba como degenerante?

Lejos de ese enfoque normativo y positivista, Jorge Sad Levi, quien además de compositor es docente de semiótica musical y de composición con medios electroacústicos, produce la obra musical escénica “Amusia”, con la colaboración del Ensamble Seres/Parlantes y con el apoyo de la Beca Bicentenario del Fondo Nacional de las Artes.

La performance de aproximadamente cuarenta minutos, estuvo estructurada en una serie de episodios en los que se relataron fragmentos del texto de Ingenieros. Estas declaraciones convivieron con instrumentos ejecutados con técnicas extendidas, señales procesadas en tiempo real y sonidos electrónicos formando un sistema retórico envolvente que lograron generar diversas interpretaciones acerca del contenido del texto, y por lo tanto nuevas experiencias de escucha.
Mención aparte merece la dimensión visual de la puesta, constituida por proyecciones, iluminación y gesticulación, que aplicada lo justo y necesario, estuvo muy bien articulada con el desarrollo sonoro y argumental.

Consciente de su lugar en la producción musical actual, Amusia es centro de un permanente cruce de tendencias estilísticas con referencias a músicas históricas, al folklore, la acusmática y la improvisación, entre otras. En ellas (y entre ellas) la comunicación del ensamble fue la protagonista y la ejecución de los músicos, gracias a una inteligente selección y procesamiento del instrumental, abarcó un amplio registro con variedad de timbres.

El dinamismo estuvo siempre presente por la escenificación de una lucha en la cual es difícil mantenerse indiferente como espectadores y oyentes de música. Cada sílaba que pronunciaron los actores, con articulación clara y entonación variable, se integró como un sonido más del discurso musical de la obra, haciendo resaltar constantemente el patetismo de los casos descritos en el texto de Ingenieros. Estos relacionaban aparentes incapacidades musicales con, por ejemplo, deseos sexuales desenfrenados y desviaciones de una teoría armónica completamente tradicional, como es el caso del hombre que necesitó por urgencia la resolución de una obra que no pudo cerrarse en Do mayor.

El debate parecía acrecentarse a medida que se sucedían los episodios, hasta que las palabras articuladas del hombre de traje, representante del pensamiento normativo, comenzaron a ser solapadas por la lógica de lo inarticulado e indeterminado. Así se instauró un punto de escucha que no discriminaba entre los distintos tipos de sonido (o ruidos para algunos), sino que los incorporaba en un mismo discurso musical.

Habiendo llegado a esa instancia liberadora, tal vez sea por esto que surgieron deseos de no dejar esa sala por un par de horas.

Amusia: Jorge Sad Levi (composición/dirección/live electronics), Lucas Werenkraut y Natalia Cappa (voces), Emmanuel Graglia (guitarra eléctrica), Andrea Escobar (flauta), Matías Sanchez (trompeta), Andrea García (piano), Martín Devoto (cello), Pablo Magne (arte visual) y Poli Bontas (Voz en off/ colaboración en Dramaturgia). Centro Cultural de la Cooperación, Miércoles 23 de octubre, 21 hs.

*Crítica realizada en el marco del Seminario de música y crítica periodista dictado en 2019 en el Centro Cultural Paco Urondo.