Sonidos de una decadencia: Las ratas

Escrito por Guzzo, Julián
Fecha de publicación: 05/03/2020

Una puesta que no da lugar a la indiferencia. La dirección artística y musical son responsables de generar un ambiente desgarrador permanente en donde la trama sonora cumple un papel esencial.

Las Ratas. Tragedia sonora para seis actores y operación de sonido en tiempo real. Música y dirección: Guillermo Vega Fischer. Dirección de arte: Pablo Archetti. Dramaturgia: Vinicius Soares. Elenco: Sofía Dreve, Sergio Ferreiro, Teresa Floriach, Ignacio Monná, Martín Scarfi y Karina Scheps. Maquillaje y asistencia de dirección: Abraham Toledo. Operación de sonido: Manuel Pérez Vizán. Sala: Teatro el Extranjero, domingo 1. Repite todos los domingos de marzo a las 19 hs.

El pasado domingo la producción escénica independiente habló, una vez más, desde uno de sus hogares en el Abasto: el Extranjero. Específicamente, con Las Ratas, gritó hasta lo intolerable problematizando lo establecido tanto por su temática como por sus medios de expresión.

En primer lugar, es de destacar la consciente labor de las direcciones de Vega Fischer y Archetti. Desde la entrada a la sala todos los signos dispuestos en escena sirvieron para captar la atención del espectador y mantenerlo alerta durante el transcurso de la obra cuyo mundo se fue tornando (de a poco y para el horror de todos), más familiar.

El ambiente decadente fue logrado por el intimidante manejo de la iluminación y por el detallado vestuario de los cinco personajes. Estos vivían hacinados en un subsuelo, refugiados del mal devastador que imperaba en el mundo exterior. En este espacio subterráneo gobernaba un sistema bastante conocido: la ley del más fuerte, la discriminación y la obsesión por el beneficio. Tales reglas mostraron toda su crueldad cuando apareció el sexto personaje, una forastera que buscaba auxilio. 

La existencia del misterioso exterior estuvo siempre presente a través de los detalles que ofrecía el ambiente sonoro. Exceptuando la voz y alguna percusión, ninguno de los sonidos que habitaron el espacio desde todos sus rincones provenía de un instrumento musical tradicional, sino que eran acusmáticos, procesados en vivo, o generados por los propios actores de manera manual. La rispidez e insistencia de la mayoría de ellos produjo una trama sonora que incrementó el sentimiento de incomodidad.

Además, fueron acompañados por varias formas de expresión vocal que escaparon tanto al canto convencional como a la voz hablada, muy relevantes para la estética general de la obra. Incluso, la palabra articulada fue ejecutada con variaciones en la entonación, altura y sintaxis, reflejando el estado de locura de los personajes, o mejor dicho el gran mal en el que estaban insertos. Estos aspectos lograron demostrar la exigente preparación del elenco. El trabajo corporal ayudó a la representación de la alienación utilizando el espacio de la sala en su totalidad. Los matices en las voces resultaron muy interesantes, mientras que la justa interpretación de los estados anímicos se cumplió en la mayoría de los casos.

La dramaturgia fuerte y compleja del brasilero Vinicius Soares exploró las situaciones desde el grotesco. En momentos en que lo visual se paralizaba el horror estuvo mantenido por un trabajo de repetición, variación gradual y acumulación de sonidos intolerables de escuchar, una decisión arriesgada y efectiva para su fin.

La tragedia sonora reflejó adecuadamente la contemporaneidad de su puesta. Teatro, teatro musical, humor seco, tragedia, acusmática y referencias al canto lírico, convergieron generando la capacidad de cuestionar los géneros y modos de expresión. Con una mirada específica sobre un sistema social decadente, los creadores latinoamericanos de Las Ratas gritan logrando hacerse escuchar.